La esencia de la Amistad la constituye un amor de reciprocidad de real desinterés semejante al placer estético de la belleza. Si bien es verdad que el alma humana es capaz de establecer exitosamente esta relación, requiere sin duda la persistencia de un gran carácter a prueba de nobleza y virtudes únicas para que acontezca la verdad de la amistad, casi un milagro. Esta debe ser sin duda la razón por la que las Sagradas escrituras postulan el encuentro de un amigo como el hallazgo auténtico de un gran tesoro.

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